INTERNACIONAL
ICE planea dar guantes eléctricos a sus agentes
La agencia estadounidense contempla equipar a sus agentes con dispositivos de inmovilización por contacto, asignando un multimillonario presupuesto que desata la indignación de organizaciones civiles e internacionales.
La política de control fronterizo y seguridad interior en los Estados Unidos vuelve a situarse en el centro de un intenso debate ético, presupuestario y legal. Como parte de sus planes de modernización de equipamiento táctico, la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contempla dotar a sus agentes de guantes eléctricos equipados con tecnología de descargas controladas, estimando una inversión que supera los 20 millones de dólares para la adquisición de estos dispositivos. Por lo tanto, la iniciativa ha generado una inmediata reacción de alerta entre defensores de derechos humanos, juristas y legisladores a nivel global.
Por consiguiente, los portavoces de la agencia argumentan que la asignación de esta partida presupuestaria busca adquirir tecnología de punta para reducir los enfrentamientos físicos directos durante las detenciones, minimizando supuestamente los riesgos tanto para el personal operativo como para las personas sujetas a custodia. Sin embargo, diversos colectivos de protección a los migrantes sostienen que destinar más de 20 millones de dólares a este armamento abre la puerta a abusos de poder y a la institucionalización de tratos crueles. En consecuencia, organizaciones civiles exigen congelar los fondos y someter el proyecto a auditorías independientes antes de autorizar cualquier desembolso.
Detalles de la inversión, tecnología y posturas de la agencia
Los pormenores del plan presupuestario detallan que los más de 20 millones de dólares cubrirán no solo la compra masiva de los pares de guantes tácticos, sino también la capacitación del personal, el mantenimiento técnico y la integración del software de monitoreo de descargas. La tecnología de estos guantes permite emitir impulsos eléctricos de bajo voltaje mediante el contacto directo de las palmas o dedos, con el objetivo de paralizar temporalmente los músculos de la persona intervenida en espacios reducidos o traslados de alto riesgo.
Al confirmarse la magnitud de este gasto público en armamento no letal de contacto, los defensores del proyecto dentro de la corporación afirman que estos dispositivos reducirán la dependencia de bastones, gas pimienta o armas de fuego. No obstante, especialistas en medicina táctica advierten que las descargas eléctricas aplicadas sin control biométrico estricto representan un riesgo severo para personas con afecciones cardíacas preexistentes o estados de deshidratación extrema tras largas travesías migratorias.
Reacciones de organizaciones civiles y fiscalización en el Congreso
Por otra parte, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y diversos organismos adscritos a las Naciones Unidas emitieron comunicados urgentes cuestionando el uso de fondos públicos para la implementación de estas herramientas. Las organizaciones argumentan que la compra masiva de guantes de descarga viola convenios internacionales contra la tortura y los tratos inhumanos o degradantes en procedimientos administrativos.
Finalmente, los comités de la Cámara de Representantes y del Senado de los Estados Unidos prevén someter a revisión la partida presupuestaria de más de 20 millones de dólares durante las próximas sesiones parlamentarias. La controversia sobre la compra de guantes eléctricos por parte de ICE en este 2026 marca un nuevo punto de inflexión en la balanza entre el gasto público en seguridad fronteriza y la garantía irrestricta de los derechos humanos.