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«Soy inocente”: así fue la primer audiencia a Nicolás Maduro en Estados Unidos

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 Audiencia Nicolás Maduro marca el arranque de una batalla legal histórica en Nueva York

La audiencia a Nicolás Maduro en Estados Unidos arrancó este lunes 5 de enero de 2026 en una corte federal de Manhattan, apenas dos días después de su captura en la llamada “Operación Resolución Absoluta”. El exmandatario venezolano compareció junto a su esposa, Cilia Flores, ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde escuchó la lectura formal de los cargos en su contra por narcoterrorismo y narcotráfico.

Durante la audiencia, presidida por el juez federal Alvin K. Hellerstein, Maduro se identificó ante la corte, negó todos los señalamientos y afirmó que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela. “Soy Nicolás Maduro, no culpable, soy un hombre decente, soy el presidente de mi país”, declaró, mientras la Fiscalía detallaba los delitos que podrían llevarlo a prisión de por vida.

Los cargos: narcoterrorismo, cocaína y armas de guerra

En este primera audiencia a Nicolás Maduro, el Departamento de Justicia le atribuye cuatro grandes cargos federales. Entre ellos destacan narcoterrorismo, conspiración para importar toneladas de cocaína a territorio estadounidense y posesión de ametralladoras y “dispositivos destructivos” como parte de la estructura criminal conocida en las acusaciones como el “Cártel de los Soles”. La Fiscalía sostiene que Maduro y altos funcionarios venezolanos usaron al Estado para proteger rutas de droga hacia Norteamérica.

Los fiscales argumentan que la presunta red operó durante años en alianza con grupos armados colombianos. Según las imputaciones, el objetivo consistía en inundar de cocaína el mercado estadounidense para obtener poder político y económico, mientras se utilizaban instituciones venezolanas para garantizar impunidad. Las penas potenciales van desde tres décadas de cárcel hasta cadena perpetua, dependiendo de cada cargo y eventuales agravantes.

Una defensa política: “presidente legítimo” y “prisionero de guerra”

Maduro no solo negó los delitos; también intentó enmarcar el proceso como una confrontación política. En la sala aseguró que se considera “prisionero de guerra” y que Estados Unidos lo “secuestró” durante la operación militar que lo sacó de Caracas y lo trasladó al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Su defensa busca cuestionar la legalidad de la captura y el alcance de la jurisdicción estadounidense sobre un ex jefe de Estado.

Para enfrentar el caso, Maduro reemplazó al abogado de oficio inicial y contrató al penalista Barry Pollack, conocido por haber representado a Julian Assange en procesos anteriores. El equipo legal perfila una estrategia basada en dos líneas: denunciar motivaciones políticas y explorar argumentos de inmunidad, aunque expertos recuerdan el precedente del general panameño Manuel Noriega, cuyo alegato similar fracasó ante cortes estadounidenses.

Impacto de la primera audiencia  a Nicolás Maduro en Venezuela y la región

La Asamblea Nacional controlada por el oficialismo reeligió a Jorge Rodríguez como presidente del Parlamento y reforzó el mensaje de continuidad institucional, a pesar de la detención del exmandatario. Analistas prevén una etapa de alta tensión interna, con disputas sobre la sucesión y la narrativa oficial frente al proceso judicial en Estados Unidos.

Gobiernos de la región, organizaciones de derechos humanos y expertos en derecho internacional siguen el caso con atención. El juicio podría reabrir debates sobre el uso de la fuerza para capturar mandatarios, los límites de la inmunidad soberana y el alcance extraterritorial de la justicia estadounidense en casos de narcoterrorismo. Más allá del resultado, el proceso ya se perfila como un precedente de gran peso político y jurídico para América Latina.

El juez Hellerstein fijó la siguiente audiencia clave para el 17 de marzo. Desde ahora, la batalla se librará en dos frentes: la sala del tribunal en Manhattan y la arena política venezolana, donde el futuro del chavismo y la narrativa sobre Maduro dependerán tanto de los fallos judiciales como de la capacidad del oficialismo para administrar esta crisis histórica.

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