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Descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca deja 13 muertos y casi 100 heridos

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Descarrilamiento del Tren Interoceánico expone fallas y abre investigación federal por posible negligencia en el Istmo de Tehuantepec

El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca se convirtió en la tragedia ferroviaria más grave de la actual administración. El domingo 28 de diciembre, un convoy de pasajeros con 250 personas a bordo se salió de las vías en la zona de Nizanda, en el Istmo de Tehuantepec, y dejó al menos 13 personas muertas y 98 heridas, cinco de ellas en estado crítico, según el último reporte de la Secretaría de Marina.

El tren había salido de Salina Cruz, Oaxaca, alrededor de las 08:00 horas con destino a Coatzacoalcos, Veracruz, como parte de su ruta regular de 290 kilómetros entre el Pacífico y el Golfo de México. Poco después de las 09:20 horas, al tomar una curva sobre la llamada Línea Z, la segunda locomotora se habría salido de la vía y arrastró a los cuatro vagones de pasajeros. Uno de ellos cayó por un barranco de más de seis metros y otro quedó semisuspendido, lo que agravó el saldo del accidente.

Rescate, reacción oficial y primeras líneas de investigación

De inmediato, cuerpos de emergencia federales y estatales se movilizaron hacia la zona. Elementos de la Marina, Protección Civil de Oaxaca, Guardia Nacional y servicios médicos trabajaron durante horas entre láminas retorcidas y terraplén inestable para rescatar a pasajeros atrapados. La Marina confirmó que 139 personas quedaron fuera de peligro, mientras que decenas continuaron hospitalizadas en distintos centros de la región.

Al cierre de las labores, las autoridades reportaron la recuperación del último de los 13 cuerpos y el traslado de las víctimas mortales a servicios forenses para su identificación. La Fiscalía General de la República abrió una carpeta de investigación y mantiene diligencias en campo para determinar si existieron fallas técnicas, omisiones en mantenimiento o exceso de velocidad, como han sugerido algunos testimonios que aseguran que “el tren venía muy fuerte” antes del impacto.

Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que envió a altos funcionarios al lugar para coordinar la atención a víctimas y sus familias, mientras el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, expresó condolencias públicas y aseguró coordinación con el gobierno federal para el apoyo integral a los afectados.

Un golpe al proyecto emblemático del corredor del Istmo

Este descarrilamiento del Tren Interoceánico golpea de lleno a uno de los proyectos insignia de infraestructura del sur del país. El tren de pasajeros forma parte del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, diseñado para conectar los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, competir con el Canal de Panamá y detonar el desarrollo industrial de la zona. Sin embargo, el siniestro ya se cuenta como el sexto incidente grave ligado a nuevos servicios ferroviarios impulsados por gobiernos de Morena en los últimos dos años, lo que alimenta cuestionamientos sobre seguridad operativa y supervisión técnica.

Especialistas consultados por medios nacionales advierten que, además de esclarecer responsabilidades, el gobierno deberá revisar protocolos de mantenimiento de vías, condiciones de la ruta, capacitación de personal y sistemas de monitoreo de velocidad, especialmente en tramos con curvas y barrancos. De lo contrario, alertan, el corredor podría consolidar una percepción de riesgo que afecte tanto el transporte de carga como el de pasajeros.

Víctimas, comunidades afectadas y lo que sigue

Entre las 13 personas fallecidas hay menores de edad, estudiantes y pasajeros que se trasladaban por trabajo o vacaciones, cuyas identidades ya empezaron a ser difundidas por autoridades y medios locales. Familias del Istmo y de otras regiones del país se han desplazado a Oaxaca para identificar cuerpos y acompañar a heridos en hospitales. La tragedia, además, deja una huella profunda en comunidades que veían en el tren una promesa de conectividad y desarrollo.

Mientras la FGR y la Marina avanzan en los peritajes, organizaciones de usuarios y voces opositoras exigen transparencia en los resultados y la publicación de dictámenes técnicos completos. El gobierno, por su parte, enfrenta el reto de recuperar la confianza en un sistema ferroviario que busca convertirse en eje estratégico del sur de México, pero que hoy está bajo escrutinio tras el mortal descarrilamiento en Nizanda.

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