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Sorteo del Mundial 2026: así quedan los bombos y el camino a la Copa del Mundo más grande de la historia
El sorteo del Mundial 2026 marcó el inicio del tramo final rumbo a la Copa del Mundo más extensa de la historia.
La ceremonia, realizada en el John F. Kennedy Center for the Performing Arts en Washington D. C., oficializó la ruta de las 48 selecciones que disputarán el torneo en Estados Unidos, México y Canadá, la primera edición con tres países anfitriones. Desde ahora, el calendario, la logística y los análisis de grupos entran en su fase definitiva.
La FIFA organizó un evento con su habitual despliegue escénico para presentar la distribución de los equipos en los distintos bombos, con base en la clasificación mundial y el proceso de calificación. México, Estados Unidos y Canadá encabezaron el Bombo 1 como naciones anfitrionas, acompañados por las selecciones mejor ubicadas en el ranking. En los Bombos 2, 3 y 4 se repartieron el resto de escuadras con boleto asegurado, mientras que los repechajes intercontinentales y las últimas rutas europeas completarán las plazas pendientes.
Durante el sorteo del Mundial 2026, la organización explicó la lógica que ordena el acomodo de las selecciones. El reglamento obliga a distribuir a los equipos de acuerdo con sus confederaciones, evitando que dos países de la misma región compartan grupo, con la tradicional excepción de Europa, que por su volumen de participantes puede colocar hasta dos selecciones en un mismo sector. Así se garantiza diversidad competitiva y geográfica en los 12 grupos de la primera fase.
Claves del sorteo del Mundial 2026: bombos, confederaciones y grupos
Este nuevo formato representa una de las grandes novedades de la edición 2026. La Copa del Mundo pasará a contar con 48 selecciones divididas en 12 grupos de cuatro equipos. Los dos primeros de cada grupo, junto con los ocho mejores terceros, avanzarán a la fase de eliminación directa, lo que ampliará el número de partidos decisivos y ofrecerá más oportunidades a selecciones emergentes.
Para los aficionados, esta estructura abre la puerta a una cascada de escenarios posibles: grupos muy equilibrados, sectores con varias potencias y zonas donde alguna selección debutante pueda colarse a rondas avanzadas. Cada combinación generará su propio relato, desde los temidos “grupos de la muerte” hasta aquellos que se perciban como caminos “a modo” para algunas potencias.
A partir del resultado del sorteo del Mundial 2026, las federaciones ajustan sus planes con precisión milimétrica. Los cuerpos técnicos comienzan a estudiar a fondo a sus rivales, calendarizan amistosos, diseñan campamentos de preparación y evalúan sedes de concentración en función de viajes, clima y tiempos de recuperación. En un torneo tan grande y distribuido en tres países, la logística puede marcar diferencias tan importantes como la táctica.
Para el público, el sorteo abre la etapa de debates, proyecciones y pronósticos. Se reactivan las quinielas, las calculadoras y las conversaciones sobre qué selecciones llegarán más lejos, qué potencias podrían decepcionar y qué equipos tienen perfil de “caballo negro”. La Copa del Mundo de 2026, por su magnitud, formato y carácter continental, se perfila como una de las ediciones más trascendentes en la historia del futbol, y todo comenzó con el orden que definieron las bolitas del sorteo.