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Creías que el feminismo era violeta… hasta conocer al Gulabi Gang y su lucha en India

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En India, la violencia machista continúa siendo un problema estructural. Durante años, las estadísticas han mostrado cifras alarmantes, mientras que muchas agresiones ni siquiera se denuncian por miedo, presión familiar o falta de confianza en las autoridades. En varias regiones rurales, la violencia doméstica, los matrimonios infantiles y la discriminación siguen formando parte del día a día de miles de mujeres.

El nacimiento del “ejército rosa”

En este contexto nació el Gulabi Gang, un colectivo de mujeres reconocidas por usar saris rosas y portar palos de bambú. Su origen se remonta a los años ochenta, cuando Sampat Devi Pal intervino para defender a una mujer maltratada por su esposo. Este acto espontáneo inspiró la creación de un movimiento que creció rápidamente, convirtiéndose en una red de cientos

de miles de mujeres en Uttar Pradesh.

Integrantes del Gulabi Gang, símbolo de autodefensa femenina en India.

Justicia comunitaria: el método del Gulabi Gang lucha contra la violencia machista en India

El Gulabi Gang actúa en comunidades donde los sistemas de justicia suelen ser lentos o inaccesibles. Su método inicia con diálogo, presión pública o protestas pacíficas. Sin embargo, cuando estas vías no funcionan, el grupo recurre a los lathis, batones de bambú que miden unos 60 cm y que, a menudo, tienen en el extremo superior una punta metálica contundente.

Estos bastones —el arma más utilizada para el control de disturbios en India— se han convertido en un símbolo de defensa y resistencia para el colectivo. Aunque su uso resulta polémico, su estrategia ha permitido frenar abusos y visibilizar casos que antes quedaban en silencio.

En la región empobrecida de Bundelkhand, donde la desigualdad y la violencia familiar son frecuentes, el Gulabi Gang acompaña a mujeres en situaciones de riesgo y denuncia prácticas arraigadas como matrimonios infantiles o corrupción local. Su presencia ha generado cambios sociales que incluso autoridades estatales reconocen, aunque con reservas.

Reconocimiento incómodo, pero inevitable

Autoridades locales admiten que el grupo ha fortalecido la conciencia sobre los derechos de las mujeres. Sin embargo, la ironía se mantiene: en un entorno profundamente patriarcal, miles de mujeres han tenido que adoptar una postura combativa para defender su dignidad y sobrevivir a la violencia cotidiana.

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