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Bolsonaro comenzará a cumplir su condena de 27 años por intento de golpe de Estado en Brasil

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La Corte Suprema declara firme la sentencia y ordena el ingreso del exmandatario a un centro policial en Brasilia

La condena de 27 años de del ex presidente brasileño Jair Bolsonaro por golpe de Estado entró en una nueva fase este martes 25 de noviembre, luego de que la Corte Suprema de Brasil ordenó el inicio inmediato del cumplimiento de la pena. El exmandatario ultraderechista, declarado culpable de liderar un complot para impedir la toma de posesión de Luiz Inácio Lula da Silva tras las elecciones de 2022, comenzará su reclusión en un complejo de la Policía Federal en Brasilia.

La decisión se produjo después de que el Supremo Tribunal Federal (STF) rechazó los últimos recursos de la defensa y dio por concluido el proceso penal en su contra dentro de la causa conocida como Acción Penal 2668, relacionada con el intento de golpe y los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en la capital brasileña.

Condena de 27 años de Bolsonaro por golpe de Estado: cómo llegó el caso a su desenlace

La condena de 27 años se dictó el 11 de septiembre de 2025, cuando la Primera Sala del STF lo responsabilizó de encabezar una organización criminal que buscó anular el resultado electoral mediante un plan que incluía desinformación, presión sobre las Fuerzas Armadas y acciones violentas. Los magistrados lo hallaron culpable de intento de golpe de Estado, intento de abolición del Estado de derecho, daños agravados y organización criminal armada.

Tras la sentencia, la defensa presentó recursos para intentar anular o reducir la pena, pero los jueces confirmaron por amplia mayoría el fallo inicial. Con la resolución de este martes, la Corte consideró agotada la vía de recursos ordinarios y determinó que el exmandatario debe seguir el resto del proceso ya en condición de preso condenado, y no solo como detenido preventivo.

Dónde y cómo cumplirá la condena ex mandatario brasileño

De acuerdo con la resolución, Bolsonaro comenzara con su sentencia  en la Superintendencia de la Policía Federal en Brasilia, donde el exmandatario ya se encontraba bajo custodia desde el fin de semana, después de que la justicia ordenó su detención por manipular su tobillera electrónica, interpretado como posible intento de fuga.

Bolsonaro ocupará inicialmente una habitación de unos 12 metros cuadrados en ese complejo policial, mientras el Supremo define si lo mantiene allí o lo traslada al complejo penitenciario de Papuda, también en la capital. Medios brasileños señalan que el expresidente, de 70 años, podría solicitar un cambio a prisión domiciliaria alegando problemas de salud; sin embargo, por ahora la Corte no ha dado señales de aceptar esa opción.

En paralelo, la misma decisión del STF también ordena el inicio de las penas de otros altos exfuncionarios condenados en la misma causa, entre ellos exministros y mandos militares, lo que subraya el carácter estructural del complot juzgado por la Corte.

Repercusiones políticas internacionales

La entrada efectiva en prisión marcan un punto de inflexión para la democracia brasileña. Analistas políticos consideran que el fallo envía un mensaje contundente frente a intentos de ruptura institucional, pero a la vez profundiza la polarización entre simpatizantes del exmandatario y defensores del actual gobierno.

Mientras seguidores de Bolsonaro se manifestaron frente a instalaciones policiales en Brasilia, denunciando persecución política, sectores progresistas y organizaciones de derechos humanos subrayaron que el proceso se desarrolló bajo supervisión del máximo tribunal y dentro del marco constitucional. Para el oficialismo, el desenlace confirma que los responsables del intento de golpe deben responder ante la justicia, independiente de su cargo o popularidad.

De cara al futuro, la condena también tiene impacto electoral: Bolsonaro queda fuera de la disputa política por décadas. Con 27 años de prisión más un periodo adicional de inhabilitación para ejercer cargos públicos, su figura se perfila como un símbolo de advertencia frente a proyectos que busquen subvertir el orden democrático en América Latina.

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