INTERNACIONAL
Evo Morales ausente en la ceremonia; enfrenta orden de captura.
Rodrigo Paz asume la presidencia de Bolivia y pone fin a dos décadas de hegemonía del MAS
Con la señal de la cruz y el grito de “¡Dios, familia y patria, sí juro!”, el centroderechista Rodrigo Paz Pereira asumió la presidencia de Bolivia, marcando el fin de casi veinte años de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS). En un discurso enérgico ante la Asamblea Legislativa, el nuevo mandatario aseguró recibir un país “devastado moral y materialmente” y prometió instaurar “una democracia verdadera, sin ideologías que secuestren al pueblo”.
Paz, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, anunció un plan económico basado en un “capitalismo para todos”, con recortes al gasto público y una redistribución equitativa del presupuesto entre las nueve regiones del país. También adelantó su intención de acercarse a Estados Unidos y distanciarse del bloque del ALBA, integrado por Cuba, Nicaragua y Venezuela.
A la ceremonia asistieron los mandatarios de Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay y Paraguay, además de una delegación de Washington. En contraste, Evo Morales no acudió, alegando falta de garantías judiciales por una orden de aprehensión vigente.
El ascenso de Rodrigo Paz simboliza el fin de la era del Movimiento al Socialismo, que gobernó Bolivia durante casi veinte años con un modelo de corte populista e indigenista. Analistas coinciden en que el nuevo mandatario enfrenta el reto de reconstruir la institucionalidad y recuperar la confianza internacional, sin desatar una nueva ola de polarización.
El nuevo gobierno ha prometido respetar los programas sociales implementados durante el periodo del MAS, aunque bajo una lógica de eficiencia presupuestal y transparencia. Sin embargo, en las calles de La Paz y El Alto, algunos sectores sociales ya han advertido que no permitirán el desmantelamiento de conquistas laborales y comunitarias.
Estados Unidos y la Unión Europea celebraron el relevo democrático como “una oportunidad para renovar la cooperación regional”. En contraste, los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua criticaron el giro político de Bolivia, calificándolo como “una traición a la integración latinoamericana”.
La Organización de Estados Americanos (OEA) felicitó a Paz y destacó la importancia de “garantizar una transición institucional pacífica”.
El gobierno de Rodrigo Paz Pereira abre una nueva etapa en la historia reciente de Bolivia. Su mensaje moralista y su propuesta de “capitalismo para todos” despiertan esperanza, pero también dudas sobre su viabilidad en un país marcado por la desigualdad.
Alejarse del ALBA puede fortalecer la relación con Occidente, pero implicará redefinir la política exterior boliviana y sus alianzas regionales.
Después de dos décadas de hegemonía del MAS, Bolivia se encuentra ante un punto de inflexión histórico: o consolida una democracia plural e inclusiva, o revive las fracturas entre el campo y la ciudad, entre la modernidad y la marginación.
La lección del pasado es clara: los extremos —de cualquier signo— siempre terminan cobrando factura.