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Jóvenes cameruneses exigen renovación ante un líder de 92 años.

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Paul Biya asume un nuevo mandato a los 92 años y consolida su poder en Camerún

El presidente Paul Biya, el más longevo del mundo, asumió un nuevo mandato en Camerún a los 92 años, tras unas elecciones fuertemente cuestionadas por la oposición, que las calificó como un “golpe de Estado constitucional”. Biya, quien gobierna el país desde 1982, prometió en su discurso de investidura trabajar por un Camerún “unido, estable y próspero”, pese al creciente descontento social y las denuncias de represión.
La ceremonia, celebrada en Yaundé, transcurrió en medio de un fuerte dispositivo militar y una visible tensión política. Según analistas locales, el nuevo periodo presidencial profundiza la brecha entre una élite envejecida y centralizada en el poder, y una población mayoritariamente joven que exige un cambio generacional.

Con más de 42 años en el poder, Paul Biya encarna la continuidad política más prolongada de África y una de las más duraderas del mundo. Bajo su régimen, Camerún ha transitado de un modelo autoritario a una democracia formal que, en la práctica, mantiene estructuras de control férreo sobre la prensa, el ejército y los tribunales.
Las protestas posteriores a los comicios dejaron al menos cinco personas muertas, según cifras oficiales; sin embargo, organizaciones civiles aseguran que la cifra real podría ser mucho mayor. La oposición acusa al gobierno de manipular los resultados y de mantener una “cultura del miedo” para disuadir el descontento.

Diversos organismos internacionales han expresado su preocupación por la falta de transparencia electoral y por el deterioro de los derechos humanos en Camerún. Mientras tanto, potencias occidentales mantienen una relación ambigua con el régimen de Biya, debido a los intereses estratégicos en materia de seguridad y recursos naturales en la región del Sahel.
En el país, las voces críticas apuntan a que el envejecimiento del liderazgo ha frenado el desarrollo político y económico, alimentando la frustración de una juventud que representa más del 60% de la población y que nunca ha conocido otro presidente.

Lo que ocurre en Camerún es el retrato de una democracia secuestrada por la permanencia en el poder. Paul Biya ha convertido la continuidad en dogma y el desgaste en norma. Que un hombre de 92 años siga gobernando un país donde la mayoría de los ciudadanos no ha vivido bajo otro liderazgo evidencia un estancamiento político profundo.
No se trata solo de longevidad, sino de una estructura autoritaria que confunde estabilidad con inmovilidad. Camerún es hoy una nación sin relevo, sin horizonte y con un futuro hipotecado por la obstinación de su clase dirigente.

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