INTERNACIONAL
Filipinas y Vietnam enfrentan una devastación sin precedentes este año.
Tifón Kalmaegi deja más de 140 muertos en Filipinas y golpea con fuerza la costa de Vietnam
El tifón Kalmaegi tocó tierra este jueves en la costa central de Vietnam, luego de causar más de 140 muertes en Filipinas y dejar a más de un centenar de personas desaparecidas. Con vientos sostenidos de hasta 150 kilómetros por hora, el ciclón se ha convertido en uno de los más letales del año a nivel mundial.
El Ministerio de Medioambiente de Vietnam confirmó la evacuación preventiva de más de siete mil personas, en su mayoría residentes de la provincia de Gia Lai, antes del impacto. Autoridades locales reportaron inundaciones masivas, cortes eléctricos y daños severos en viviendas e infraestructura.
El arribo de Kalmaegi ocurre en una zona ya afectada por semanas de lluvias torrenciales. En Filipinas, el tifón devastó provincias enteras del norte del país, donde aldeas quedaron incomunicadas y miles de familias fueron desplazadas. Equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes entre los escombros.
Vietnam enfrenta cada año entre ocho y diez ciclones tropicales, pero los meteorólogos advierten que la intensidad y frecuencia de estos fenómenos ha aumentado debido al cambio climático. “Kalmaegi no solo es un desastre natural, es una señal de alerta sobre la nueva normalidad climática del planeta”, advirtió un portavoz del Centro Nacional de Hidrometeorología vietnamita.
Las autoridades vietnamitas informaron que miles de hectáreas de cultivo resultaron afectadas, lo que podría tener un impacto significativo en el precio de los alimentos y en la economía rural. En tanto, organismos internacionales como la ONU y la Cruz Roja evalúan enviar ayuda humanitaria a las zonas más afectadas, especialmente en Filipinas, donde la devastación es mayor.
La reconstrucción podría tardar meses y requerir una amplia cooperación internacional, según estimaciones preliminares del Banco Asiático de Desarrollo.
El paso del tifón Kalmaegi vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: los desastres naturales ya no pueden verse solo como eventos meteorológicos aislados, sino como consecuencias directas de un sistema climático alterado y de la falta de planeación ante emergencias.
Lo ocurrido en Asia es un recordatorio global: sin políticas firmes de mitigación y adaptación, el costo humano y ambiental de estos fenómenos seguirá aumentando. No basta con reconstruir después del desastre; la verdadera prevención comienza mucho antes de que llegue el próximo tifón.