NACIONAL
Un hombre acosó a Claudia Sheinbaum en el Centro Histórico.
Sheinbaum sufre acoso sexual durante recorrido en el Centro Histórico; el agresor fue detenido horas después
Ciudad de México. — En pleno corazón del Centro Histórico, la presidenta Claudia Sheinbaum fue víctima de acoso sexual durante un recorrido público, pese a la presencia de su equipo de seguridad.
El incidente ocurrió la tarde del martes, cuando la mandataria regresaba de un evento con rectores en la Secretaría de Educación Pública y decidió caminar entre la gente para saludar a los presentes.
Mientras se tomaba fotografías y escuchaba peticiones, un hombre se le acercó por la espalda y la agredió. De inmediato, los elementos de seguridad intervinieron y la presidenta se apartó del lugar.
El presunto agresor, identificado como Uriel Rivera Martínez, fue detenido horas después y trasladado a la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales.
El hecho generó indignación nacional y abrió un debate sobre la seguridad de la propia presidenta, en un país donde nueve mujeres son asesinadas cada día. Un recordatorio contundente de que ni siquiera la investidura presidencial protege a las mujeres de la violencia de género.
“No reforzaré mi seguridad”, afirma Sheinbaum
Durante su conferencia matutina, Claudia Sheinbaum confirmó el incidente y señaló que evalúa presentar una denuncia formal ante el Ministerio Público.
Criticó el proceder de algunas fiscalías que revictimizan a las mujeres o exigen pruebas imposibles para acreditar el acoso, y subrayó la urgencia de elevar este delito al ámbito federal.
“La violencia contra las mujeres no se combate con miedo, sino con justicia y con instituciones que las protejan”, dijo la presidenta, quien además aseguró que no planea reforzar su seguridad personal.
“Si hubiera una alerta o riesgo inminente, por supuesto se tomarían medidas; pero no pienso alejarme del pueblo”, declaró.
Un incidente que desnuda la impunidad estructural
El ataque contra Claudia Sheinbaum no es un caso aislado, sino el reflejo de una sociedad que tolera y normaliza la violencia de género, incluso frente a la máxima autoridad del país.
Si una presidenta, rodeada de seguridad, puede ser agredida en público, ¿qué pueden esperar millones de mujeres sin protección alguna?
Más allá de la detención del agresor, el mensaje del Estado debe ser contundente y ejemplar. Porque mientras la impunidad siga siendo la norma, ninguna mujer —ni siquiera la presidenta— estará realmente a salvo.