NACIONAL
La SRE defiende el asilo a Betssy Chávez bajo derecho internacional.
México responde a Perú: califica de “unilateral y desproporcionada” la ruptura diplomática por asilo a Betssy Chávez
Ciudad de México / Lima. — El gobierno de México calificó como “unilateral, excesiva y desproporcionada” la decisión del Perú de romper relaciones diplomáticas, luego del asilo político otorgado a Betssy Chávez, ex primera ministra del destituido presidente Pedro Castillo.
En un comunicado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) defendió que el asilo fue concedido en estricto apego al derecho internacional, conforme a la Convención de Caracas de 1954, la cual establece que solo el país asilante puede determinar la naturaleza de la persecución política.
México argumentó que Chávez ha sido víctima de violaciones a sus derechos humanos y reafirmó su tradición humanista de proteger a personas perseguidas por motivos políticos.
La administración de Claudia Sheinbaum insistió en que el asilo no constituye un acto inamistoso, y que México continuará privilegiando el diálogo y la cooperación entre pueblos hermanos.
Con esta decisión, Perú se convierte en el segundo país latinoamericano en cortar lazos con México, tras el conflicto diplomático con Ecuador por el asalto a la embajada mexicana en Quito, ocurrido en abril de 2024.
Durante la conferencia matutina, el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, confirmó que Betssy Chávez recibió asilo político por considerarse víctima de persecución y violaciones a sus derechos procesales.
Una ruptura que exhibe la fragilidad regional
Esta nueva fractura diplomática muestra cómo las crisis internas latinoamericanas pueden desbordar sus propias fronteras.
Perú arrastra una inestabilidad institucional crónica, mientras que México mantiene una política exterior de asilo histórico, que hoy enfrenta un contexto geopolítico más sensible.
El gesto mexicano, aunque sustentado en principios humanitarios, se interpreta políticamente como una toma de partido, lo que agrava la desconfianza regional.
En el fondo, no se trata solo de un choque diplomático, sino de una advertencia: la fragilidad democrática latinoamericana está minando la capacidad de diálogo y cooperación en el continente.
Ambos países pierden.
Perú profundiza su aislamiento, y México enfrenta cuestionamientos por presunta injerencia, justo cuando busca consolidar su papel como mediador en la región.