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Carlos Manzo había denunciado amenazas y portaba chaleco antibalas.

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Asesinan al alcalde independiente de Uruapan durante el Festival de las Velas

El ataque a Carlos Manzo evidencia la creciente infiltración del crimen organizado en Michoacán

Uruapan, Michoacán. — La violencia volvió a irrumpir en plena celebración popular. Carlos Manzo Rodríguez, alcalde independiente de Uruapan, fue asesinado a balazos la noche del sábado durante el Festival de las Velas, realizado en la plaza principal del municipio.

De acuerdo con la Guardia Civil, el ataque ocurrió cuando el edil —conocido como “El del Sombrero”— convivía con decenas de asistentes. Fue trasladado con vida al hospital Fray Juan de San Miguel, pero murió minutos después a causa de las heridas.

En la agresión, uno de los presuntos atacantes fue abatido y dos más fueron detenidos, mientras que un funcionario municipal resultó herido.

Manzo, quien había ganado la alcaldía en 2024 como candidato independiente tras haber sido diputado federal por Morena, era conocido por sus denuncias contra la presencia de grupos criminales. Portaba chaleco antibalas y había recibido amenazas de muerte. En octubre de 2024, un periodista que lo había entrevistado fue asesinado en el mismo sitio del atentado.

El edil había solicitado apoyo federal urgente ante la presencia de varios cárteles que disputan el control del municipio: Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Viagras, Los Caballeros Templarios, Pueblos Unidos y Los Blancos de Troya.

Michoacán: la violencia que no se apaga

El asesinato de Carlos Manzo es más que un crimen político: es el reflejo de un Estado atrapado entre la omisión y la captura criminal. Michoacán vive una guerra fragmentada donde los cárteles se disputan no solo el territorio, sino también las estructuras de gobierno municipal.

Que un alcalde independiente sea ejecutado en un acto público y en medio de una fiesta popular demuestra el colapso de la seguridad local y la vulnerabilidad de los funcionarios sin respaldo partidista. La violencia se ha normalizado al punto de irrumpir en los espacios que deberían simbolizar comunidad y paz.

El homicidio de Manzo no solo deja un vacío político en Uruapan: envía un mensaje de terror a quienes aún creen que la independencia política es posible en territorios dominados por el crimen.

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