INTERNACIONAL
Una decisión histórica sacude a la monarquía británica.
Carlos III despoja a su hermano Andrés de todos sus títulos y lo expulsa de la residencia real
La decisión marca un hecho sin precedentes en la monarquía británica moderna
Londres. — En una medida sin precedentes en más de un siglo, el rey Carlos III retiró todos los títulos y honores a su hermano, el hasta hoy príncipe Andrés, y ordenó su salida inmediata del Royal Lodge, la residencia que ocupaba en el parque de Windsor.
La decisión llega tras una nueva ola de críticas por los vínculos del exduque de York con el fallecido magnate Jeffrey Epstein, condenado por tráfico sexual, y por las acusaciones de abuso formuladas por Virginia Giuffre, quien aseguró haber sido explotada cuando era menor de edad.
Aunque Andrés ha negado las acusaciones, el escándalo ha golpeado con fuerza la imagen de la Casa Real británica. Según un comunicado de Buckingham Palace, la medida fue tomada “por graves errores de juicio” y en nombre de la transparencia y el respeto a las víctimas.
El despojo del título de “príncipe” no tiene precedentes desde 1919, cuando Jorge V castigó a un miembro de la familia real por traición durante la Primera Guerra Mundial. A sus 65 años, Andrés vivirá bajo financiamiento privado, alejado de la vida pública y de toda representación institucional de la Corona.
Una monarquía en busca de legitimidad
Lo ocurrido no es solo una sanción familiar, sino un mensaje político y moral. Carlos III entiende que el prestigio de la Corona depende hoy más que nunca de su capacidad para rendir cuentas, incluso dentro de sus propios muros.
La expulsión de Andrés marca un golpe al mito de la impunidad real, pero también evidencia el dilema de una institución que intenta adaptarse a las exigencias éticas del siglo XXI. Sin embargo, el gesto llega tarde: el daño reputacional ya está hecho, y la confianza pública en la monarquía británica sigue en declive.
Más allá del linaje y los protocolos, la decisión del rey simboliza una monarquía que lucha por sobrevivir a su propio pasado, en un mundo donde el abolir títulos no basta para limpiar culpas.