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Recuperan más de 40 cuerpos tras operativo “antinarco” en Brasil.

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Masacre en Río de Janeiro: hallan más de 40 cuerpos tras la operación policial más letal en la historia reciente de Brasil

Vecinos de la favela de Penha denuncian ejecuciones y desapariciones en un operativo previo a la Cumbre Mundial de Alcaldes C40

Río de Janeiro. — Río de Janeiro volvió a ser escenario de horror. Tras una de las operaciones policiales más violentas de las últimas décadas, más de 40 cadáveres fueron hallados y colocados por los propios vecinos en una plaza de la favela de Penha, en señal de denuncia ante lo que describen como una masacre.

De acuerdo con el parte oficial, al menos 64 personas murieron —entre ellas cuatro policías— y 81 fueron detenidas durante el operativo que movilizó a más de 2,500 agentes con el objetivo de capturar a integrantes del Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil.

Sin embargo, las familias aseguran que muchas víctimas no figuran en los reportes oficiales, y que varios de los muertos eran civiles sin relación con el crimen organizado.
Las imágenes de mujeres y madres recuperando cuerpos en medio del miedo y la pobreza se han vuelto símbolo de la fractura social que atraviesa el país.

Las autoridades locales sostienen que el operativo fue “un golpe histórico contra el narcotráfico”, pero los habitantes de Penha hablan de una ejecución masiva y de abuso policial. La operación ocurre a pocos días de la Cumbre Mundial de Alcaldes C40, que tendrá lugar en Río, lo que ha despertado sospechas sobre un posible trasfondo político y mediático.

La guerra contra los pobres: cuando el Estado confunde seguridad con represión

Lo sucedido en Penha no es un hecho aislado: es el reflejo de una política de seguridad que criminaliza la pobreza. En las favelas, el Estado entra con tanques, no con escuelas. Y el resultado es siempre el mismo: sangre, impunidad y desconfianza.

El momento del operativo —en vísperas de eventos internacionales que colocan a Río bajo la mirada del mundo— no parece casual. Más que una estrategia de seguridad, muchos lo interpretan como una limpieza mediática para maquillar la violencia estructural que Brasil aún no ha podido enfrentar.

Si Río quiere presentarse como una ciudad global, no necesita más operativos letales, sino justicia social, presencia institucional y un Estado que no tema mirar a sus barrios más pobres como parte de su gente.

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