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ONU alerta: Melissa podría ser la tormenta más destructiva del siglo

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Huracán Melissa arrasa Jamaica: el ciclón más poderoso en 170 años golpea al Caribe

Con vientos de casi 300 km/h, el fenómeno pone a la isla en emergencia total; la ONU advierte que podría ser la tormenta más destructiva del siglo.

Kingston, Jamaica. — El huracán Melissa tocó tierra en Jamaica como un ciclón categoría 5, desatando una crisis sin precedentes. Con vientos sostenidos de hasta 295 kilómetros por hora, el fenómeno es ya considerado el más potente en impactar la isla en más de 170 años, según el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de Estados Unidos.

El ojo del huracán ingresó por la zona suroeste, cerca de Nueva Esperanza, avanzando lentamente hacia el norte-noreste. Las autoridades han advertido que el peligro no ha pasado y exhortaron a la población a no abandonar los refugios, ya que el sistema mantiene una intensidad extrema y podría generar nuevos vientos devastadores, marejadas ciclónicas y deslizamientos de tierra.

El primer ministro Andrew Holness reconoció que ninguna infraestructura del país está preparada para un fenómeno de esta magnitud, y que el principal desafío será la reconstrucción nacional. En Kingston, las calles permanecen desiertas, con amplias zonas sin energía eléctrica y daños severos en la red vial.

La ONU alertó que Melissa podría convertirse en la tormenta más destructiva del siglo XXI en el Caribe, superando incluso a los huracanes Dorian (2019) y María (2017), que dejaron miles de muertos y desplazados en la región.

Melissa: la señal más brutal de una crisis climática fuera de control

Lo que ocurre en Jamaica no es un desastre aislado, sino una advertencia global. Los huracanes de categoría 5 ya no son excepcionales: se han convertido en la nueva normalidad climática producto del calentamiento de los océanos.

Melissa no solo destruye casas, sino que desnuda décadas de inacción internacional frente al cambio climático y la vulnerabilidad estructural del Caribe, una región que aporta poco a las emisiones globales, pero paga un precio desproporcionado.

La reconstrucción será una tarea titánica, pero también una oportunidad para repensar el modelo de desarrollo insular. Jamaica —y el Caribe entero— necesita infraestructura resiliente, energía limpia y políticas de adaptación reales, no promesas.

Si algo demuestra Melissa es que el clima extremo ya no pertenece al futuro: está aquí, y cada tormenta es un recordatorio de lo que el mundo ha decidido ignorar demasiado tiempo.

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