NACIONAL
Campesinos acusan “burla” del Gobierno y amenazan con paralizar al país.
“Sin maíz no hay país”: productores protestan en 17 estados por precio del grano
Campesinos exigen pago justo y advierten que la rebelión agrícola podría paralizar al país
Ciudad de México. — El campo mexicano volvió a levantar la voz. Productores de maíz en al menos 17 estados del país bloquearon carreteras este lunes para protestar contra la propuesta del Gobierno Federal de pagar 6 mil 50 pesos por tonelada de maíz blanco, una cifra que calificaron como “una burla” y “una condena al hambre”.
El titular de la Secretaría de Agricultura, Julio Berdegué, afirmó que el monto fue acordado con los gobiernos de Guanajuato, Jalisco y Michoacán, pero el Movimiento Agrícola Campesino y la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) negaron haber suscrito dicho acuerdo. Exigen un precio mínimo de 7 mil 200 pesos por tonelada para cubrir los costos de producción y garantizar la rentabilidad del cultivo.
Con pancartas que decían “Sin maíz no hay país” y “El hambre no se negocia”, los agricultores advirtieron que si no hay respuesta inmediata, “la rebelión agrícola podría paralizar al país”.
Los bloqueos se concentraron en Zacatecas, Sinaloa, Chihuahua, Jalisco, Guanajuato y Estado de México, afectando varios tramos carreteros federales. Las organizaciones campesinas denunciaron que el precio oficial no cubre ni los insumos básicos, tras un año marcado por sequías, altos costos de fertilizantes y un mercado saturado por importaciones.
El rugido del campo y el precio de la indiferencia
La protesta de los productores de maíz no es solo una demanda económica, sino un grito político. Detrás de las cifras hay décadas de abandono estructural, dependencia alimentaria y desigualdad rural. El maíz —símbolo de identidad y base de la dieta mexicana— se ha convertido en un termómetro de justicia social.
Pagar menos de lo justo no solo empobrece al campesino: pone en riesgo la seguridad alimentaria nacional y debilita la soberanía del país frente a los grandes importadores. México, cuna del maíz, depende cada vez más del grano extranjero, un contrasentido que revela la crisis del modelo agrícola.
El Gobierno enfrenta una disyuntiva: apoyar al productor sin desestabilizar el mercado, o seguir apostando por una política de precios que beneficia más al intermediario que al campesino. Pero una cosa está clara: cuando el campo ruge, es porque ya se agotó la paciencia. Y esta vez, el eco de ese rugido podría sentirse en todo el país.