INTERNACIONAL
Más de 60 periodistas firman nuevas reglas impuestas por Defensa.
El Pentágono crea un nuevo cuerpo de prensa con restricciones a la libertad informativa
Periodistas denuncian control gubernamental y censura bajo la nueva política del secretario de Defensa Pete Hegseth
Washington D.C. — El Departamento de Guerra de Estados Unidos presentó oficialmente un “nuevo cuerpo de prensa del Pentágono”, conformado por más de 60 periodistas que firmaron un nuevo protocolo de acceso impuesto por el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Las nuevas reglas limitan las investigaciones independientes y refuerzan los controles sobre filtraciones, provocando una ola de protestas entre medios nacionales e internacionales. Según reportes de prensa, decenas de comunicadores de 30 medios abandonaron la fuente en rechazo a las condiciones impuestas.
Entre quienes aceptaron las normas figuran 26 reporteros de 18 medios tradicionales, además de nuevos representantes de plataformas digitales e independientes.
El Pentágono justificó la medida como un esfuerzo por “eludir las mentiras de los grandes medios” y “acercar noticias veraces al pueblo estadounidense”, pero la decisión vino acompañada de la suspensión de ruedas de prensa y la implementación de pruebas de polígrafo para los periodistas acreditados, lo que ha generado acusaciones de censura y control informativo.
Cuando el control informativo se disfraza de “seguridad nacional”
Lo que ocurre en el Pentágono es un precedente preocupante para la libertad de prensa mundial. En nombre de la “seguridad nacional”, el gobierno estadounidense está instaurando un modelo de comunicación controlado y vertical, donde el acceso a la información depende del visto bueno militar.
Este nuevo cuerpo de prensa no representa una apertura, sino una depuración silenciosa: los medios críticos se alejan, mientras los que permanecen lo hacen bajo vigilancia y condicionamientos.
La libertad de prensa rara vez muere con un decreto; se erosiona en pequeños actos, protocolos y silencios, disfrazados de orden, transparencia o patriotismo.
La pregunta es inevitable: si la democracia más poderosa del mundo empieza a censurar en nombre de la verdad, ¿quién podrá fiscalizar el poder cuando el poder decide quién puede preguntar?