INTERNACIONAL
Los Lobos y disidencias FARC, señalados por ataques recientes.
Nuevas explosiones en Ecuador: ataques coordinados golpean puentes en Naranjal y Azuay-El Oro
Ecuador vive una nueva jornada de tensión tras dos detonaciones registradas en puentes de Naranjal y entre Azuay y El Oro, apenas horas después del atentado en Guayaquil. Aunque no se reportan víctimas, las explosiones provocaron daños estructurales y el cierre preventivo de las vías, en medio de una creciente ola de violencia atribuida al crimen organizado.
Según el Ministerio del Interior, los ataques fueron perpetrados por la banda criminal Los Lobos y por disidencias de la exguerrilla colombiana FARC, presuntamente como represalia por los operativos contra la minería ilegal en la zona de Buenos Aires, Imbabura. Las autoridades califican los hechos como “acciones terroristas coordinadas” destinadas a generar miedo y presionar al gobierno.
Gobierno responde con firmeza y anuncia recompensas
El presidente Daniel Noboa condenó los atentados y reafirmó que el Estado “no cederá ante la violencia ni ante las mafias”, garantizando que las operaciones contra la minería ilegal continuarán “mientras se protege a la población civil”.
La Fiscalía General del Estado abrió investigaciones de oficio, mientras el Ejecutivo anunció recompensas económicas para dar con los responsables.
Los ataques se suman a una serie de episodios violentos recientes que mantienen en alerta a todo el país. Comercios y comunidades cercanas reportan pérdidas materiales y temor generalizado por la posibilidad de nuevos atentados.
Ecuador, atrapado entre el narcotráfico y la minería ilegal
Ecuador enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes, impulsada por la expansión del narcotráfico, el contrabando de oro y la infiltración del crimen organizado en estructuras locales.
Organismos internacionales advierten que el país se ha convertido en un corredor estratégico para las economías ilícitas que operan desde Colombia y Perú, con una capacidad armada cada vez más sofisticada.
Lo ocurrido en Ecuador refleja una mutación del crimen organizado, que ya no solo busca controlar rutas, sino doblegar al Estado mediante el terror. Las explosiones en Guayaquil, Naranjal y Azuay-El Oro muestran que la violencia ya no es episódica, sino parte de una estrategia de intimidación.
La respuesta del gobierno deberá ir más allá del despliegue militar: sin inteligencia, control territorial y justicia eficaz, la violencia seguirá marcando la vida cotidiana de los ecuatorianos.