NACIONAL
Juristas y organizaciones advierten posibles riesgos en la propuesta.
Sheinbaum defiende reforma a la Ley de Amparo: “No se eliminan derechos ni suspensiones provisionales”
Ciudad de México. — La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que la reforma a la Ley de Amparo no busca quitar derechos a los ciudadanos ni eliminar la suspensión provisional ante actos de autoridad, como han señalado distintos sectores políticos y jurídicos.
Durante su conferencia matutina, la mandataria calificó como “absolutamente falso” que la iniciativa tenga como fin restringir derechos fundamentales o debilitar la defensa legal frente al Estado.
Sheinbaum explicó que el objetivo es fortalecer la función original del amparo, es decir, proteger al ciudadano contra abusos de autoridad, pero evitando su uso indebido para bloquear políticas públicas generales. Subrayó que el proceso de amparo conservará todas sus etapas, incluyendo la suspensión provisional y el juicio de fondo.
“El amparo es una conquista histórica del pueblo de México, no se toca su esencia, solo se busca impedir que se utilice con fines políticos o económicos”, afirmó la presidenta.
La mandataria también insistió en que la reforma protege a la ciudadanía y respeta el Estado de derecho, pero reconoció que existen debates legítimos sobre su alcance y aplicación.
Sin embargo, organizaciones civiles y juristas han expresado preocupación por posibles efectos en la protección de derechos, alertando que un rediseño mal planteado podría debilitar el equilibrio de poderes.
Entre la justicia y la cautela: el reto de una reforma sensible
La defensa de Sheinbaum refleja la tensión entre evitar abusos y preservar garantías constitucionales.
Si bien el propósito de impedir que el amparo sea usado como herramienta política es válido, el riesgo es que, en la práctica, se limiten mecanismos legítimos de defensa ciudadana.
El éxito de esta reforma dependerá de su diseño técnico y transparencia en su aplicación. México necesita un sistema de justicia accesible, imparcial y confiable, no uno que, bajo el argumento de eficiencia, restrinja libertades fundamentales.
El debate debe ser abierto, jurídico y socialmente informado, pues lo que está en juego no es solo una ley, sino la confianza en el Estado de derecho.