INTERNACIONAL
Manifestantes lanzaron piedras y objetos contra el convoy del presidente.
Ataque a la caravana presidencial de Daniel Noboa profundiza la crisis social en Ecuador
Quito, Ecuador. — La tensión política en Ecuador alcanzó un nuevo punto crítico tras el ataque a la caravana presidencial de Daniel Noboa en la provincia de Cañar, al sur del país. El incidente ocurrió mientras el mandatario se dirigía a inaugurar una planta de tratamiento de aguas residuales, en medio de un paro nacional que ya cumple 16 días.
Videos difundidos en redes sociales muestran a unos 500 comuneros indígenas lanzando piedras y objetos contundentes contra los vehículos oficiales, dejando al menos ocho unidades dañadas. Aunque la ministra de Energía denunció ante la Fiscalía un intento de asesinato, las grabaciones no muestran evidencia clara de disparos.
La Policía Nacional respondió con gases lacrimógenos y detonaciones de estruendo para dispersar la protesta, convocada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Las movilizaciones estallaron tras el aumento de un dólar al galón de diésel, medida que desató bloqueos en más de 50 puntos del país.
Hasta el momento, cinco personas fueron detenidas bajo cargos de terrorismo e intento de asesinato, mientras el país permanece bajo estado de excepción en 16 provincias y toque de queda en varias comunidades.
Un país fracturado entre la protesta y la represión
El ataque contra la caravana presidencial refleja mucho más que un episodio de violencia: evidencia un país al borde del colapso social.
La brecha entre el gobierno y las comunidades indígenas —históricamente marginadas— se agranda frente a un modelo económico que asfixia al campo y encarece la vida cotidiana.
Criminalizar la protesta con cargos de “terrorismo” puede exacerbar la confrontación. Ecuador no necesita más represión, sino un canal real de diálogo que escuche las demandas sociales antes de que la desesperación se transforme en caos.
Daniel Noboa tiene ante sí una prueba de liderazgo: frenar la espiral de violencia y evitar que el país reviva los fantasmas de 2019, cuando una ola de manifestaciones paralizó al Estado y dejó una huella de dolor aún no resuelta.